En el verano del año 2025, Álex Barrientos sufrió un grave accidente automovilístico que lo mantuvo cerca de un mes en coma en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Regional Coyhaique, sumado a un largo proceso de hospitalización.
El joven, de 23 años, quedó con una alta dependencia funcional que implicó una serie de cambios en su vida, tanto para él como su familia, incluyendo adecuar los espacios de su hogar y ser cuidado por su madre 24/7. Fue en este contexto donde ingresó a la Unidad de Kinesiología, iniciando un proceso de neurorrehabilitación que ya lleva 9 meses, evidenciando importantes avances.
Desde el equipo profesional -liderado por kinesióloga y terapeuta ocupacional- explican que, en casos como el de Álex, el proceso implica múltiples desafíos. Al ingreso, el paciente presentaba una alta dependencia funcional, dificultades para mantener el control postural, necesidad de asistencia en todos los cambios de posición, además de dolor cervical y rigidez asociada a su condición. A partir de allí, se establecieron objetivos progresivos, equilibrando las expectativas del paciente con las metas terapéuticas del equipo.
“Me habían dicho que él ni siquiera se iba a poder parar, entonces es un cambio tremendo desde que me lo dijeron hasta ahora. Porque él se para, da pasos, lo hago caminar en casa con el burrito. Hay que ayudarlo bastante porque no se sujeta por sí solo, pero sí, ya se puede parar y puede dar pasos, todo con ayuda”, cuenta Natalia Pradines, mamá de Álex.
Es así como en el último año, tanto la vida de Álex como la de su madre ha girado en torno a su rehabilitación, no sólo recibiendo un tratamiento clínico, sino también contando con el acompañamiento del área social del HRC, quienes le facilitaron un catre clínico durante los primeros meses tras el alta a su domicilio. Por su parte, en agradecimiento la familia de Álex donó una silla neurológica al Hospital Regional, usada también en su primera etapa de recuperación, creando un círculo virtuoso de cooperación que sin duda beneficiará a más personas.
“Nos han ayudado harto, bastante. Como llegó acá y cómo está ahora, ha cambiado un montón, le han ayudado muchísimo”, agrega Natalia Pradines.
En ese sentido, la labor articulada entre kinesiología y terapia ocupacional ha permitido consolidar un modelo de atención continuo e interdisciplinario, donde la rehabilitación se entiende como un proceso dinámico que integra dimensiones físicas, cognitivas y emocionales. A través de una atención integral y personalizada, el equipo acompaña a usuarios que han enfrentado diversas condiciones neurológicas, como accidentes cerebrovasculares y traumatismos, promoviendo su recuperación y la mayor independencia funcional posible.
“Hay que buscar un equilibrio entre los objetivos que nosotros queríamos como profesionales y los objetivos que quieren personalmente. En el caso de Álex, durante la primera de sesión ingresó en silla de ruedas neurológica. No lograba mantenerse sentado sin respaldo, todos los cambios de posición tenían que ser con asistencia, para estar sentado, acostado y para los giros. Él tenía mucho dolor a nivel cervical y además presentaba una rigidez que es propia de la patología”, relata la terapeuta ocupacional Karla Paillaleve.
En tanto, desde la kinesiología, el trabajo se orienta a potenciar la funcionalidad física mediante intervenciones progresivas y adaptadas a cada persona. Así lo explica la kinesióloga Jimena del Río: “A veces es difícil congeniar los objetivos que tenemos como equipo con la ilusión que tienen los pacientes de recuperar completamente su función. Con el paso de las semanas y meses, ellos mismos van comprendiendo que este es un proceso largo. En algunos casos se logran alcanzar esos objetivos, pero en otros no, y eso también forma parte del proceso. Siempre buscamos lograr la mayor independencia funcional posible dentro de las capacidades de cada persona”.
En ese sentido, las profesionales destacan el rol fundamental del entorno familiar y la importancia de trabajar con actividades significativas para cada paciente, ya que con esto se logra estimular el cerebro para que vuelva a “reaprender” movimientos que, como en el caso de Álex, se han perdido tras el accidente, y donde acciones tan sencillas como volver a hacerle cariño a su perro, se han vuelto un verdadero desafío terapéutico.
“Además de venir a las sesiones de neurorrehabilitación, es de suma importancia la contención familiar, la red de apoyo que el usuario pueda tener, para que puedan seguir ejecutando algunos ejercicios y actividades que estamos realizando en las mismas sesiones, replicándolas en el hogar. Sin este apoyo es difícil lograr ciertos objetivos. En cambio, cuando la familia está presente, cuando hay red de apoyo, el usuario logra avanzar más rápido”.
El trabajo diario contribuye a la recuperación funcional de los pacientes y entrega contención, esperanza y herramientas concretas para enfrentar un proceso que, muchas veces, implica reaprender a vivir.

