La próstata no debería ser un tabú

Dr. Pablo Gálvez Sandoval / Urólogo Hospital Regional Coyhaique

Cada cierto tiempo, en la consulta aparece la misma frase: “Doctor, vine porque empecé a orinar mal. ¿Eso significa cáncer de próstata?”. Aunque muchos lo creen, la realidad es más compleja.

En la mayoría de los casos el cáncer prostático no presenta síntomas en estadios iniciales, que es uno de sus mayores desafíos. Muchos lo asocian solo con problemas urinarios cuando esos síntomas suelen, en su mayoría, estar relacionados con el crecimiento prostático benigno, algo muy común con el envejecimiento. De hecho, un hombre puede tener cáncer de próstata y sentirse completamente bien.

Cuando muestra síntomas evidentes, tales como pérdida de peso involuntaria, dolor óseo persistente (especialmente en la columna o pelvis), anemia, fatiga intensa o el deterioro general, pueden ser señales tardías e incluso tratarse de una enfermedad avanzada, por eso enfatizamos en la detección temprana. Esperar a “sentirse enfermo” podría ser demasiado tarde.

En Chile, el cáncer de próstata es el más común en hombres, seguido por el de colon y estómago. El 2022, según el Observatorio Global del Cáncer (GLOBOCAN), se diagnosticaron 9.678 nuevos casos en el país, cercano al 30% de los cánceres masculinos y el tumor más frecuente. Ese mismo año se registraron más de 2.700 muertes relacionadas con la enfermedad y las proyecciones muestran un aumento progresivo debido al envejecimiento de nuestra población.

Aunque en regiones extremas como Aysén todavía no contamos con registros oncológicos tan completos como quisiéramos, vemos diariamente una realidad preocupante: los pacientes llegan tarde, han postergado controles por años, viven lejos, tienen dificultades de acceso o simplemente sienten miedo.

Todavía hay pudor alrededor de la próstata. Algunos se sienten avergonzados del examen físico o prefieren no consultar para “no ser subidos a la pelota” por su entorno cercano, sin embargo, sigue siendo muy valioso. El tacto rectal, realizado adecuada y respetuosamente, puede detectar tumores que incluso pueden pasar desapercibidos en etapas iniciales. No reemplaza al antígeno prostático (PSA), y el PSA tampoco reemplaza al examen físico, pero ambos se complementan valiosamente.

La discusión actual no es si todos los hombres deben hacerse exámenes sin discriminación, sino cómo identificar correctamente a quienes se benefician más de una detección temprana. La edad, los antecedentes familiares, la expectativa de vida y los factores de riesgo individuales son importantes. Un hombre con padre o hermanos con cáncer de próstata, por ejemplo, tiene un riesgo significativamente mayor. En la misma línea, un cáncer en hombres menores a 55 años suele ser más agresivo y –por ende- tener peor pronóstico.

También es importante algo que a menudo olvidamos: el cáncer de próstata, detectado a tiempo, tiene altas posibilidades de tratamiento curativo. Esa es probablemente la noticia más esperanzadora de todas, porque hoy tenemos mejores herramientas diagnósticas. La resonancia nuclear multiparamétrica, biopsias dirigidas, tratamientos más precisos y menos invasivos, permiten que muchos pacientes puedan trabajar, hacer deporte y vivir plenamente después de un diagnóstico temprano.

Como urólogo, en la Región de Aysén veo el lado duro de esta enfermedad, pero también el más esperanzador: hombres que se controlaron a tiempo y que hoy llevan vidas normales. Tal vez ese es el mensaje: perder el miedo a hablar del tema puede salvar vidas.

La próstata no debería ser un tabú. Menos aún en 2026.