Paola Flores Leiva / Pediatra del Hospital Regional Coyhaique
El fallecimiento de un niño siempre es un evento doloroso, pero la muerte que se pudo haber evitado, además del desconsuelo de los padres, conlleva reverberantes sentimientos de culpa.
Lamentablemente, en Chile, aún se pierden vidas de niños por no usar Sistemas de Retención Infantil (SRI), dispositivos diseñados para reducir los riesgos de lesiones graves o fatales en caso de accidente, y este 2025 ya llevamos 9 niños que salieron de sus casas a alguna actividad cotidiana o de vacaciones y no volvieron nunca más.
Lo cierto es que, a pesar de los avances en las normativas, la evolución de los dispositivos y mejora de los productos, la realidad es que en nuestro país muchos padres aún desconocen la manera correcta de utilizarlos.
Es así, que en nuestro país sólo el 33% de los padres usa SRI, y el resto, a pesar de que está normado, es obligatorio y que su no uso es considerado una falta gravísima, no lo hace.
Otro dato, de los que lo usan, sobre el 90% lo usa mal, anulando su eficacia de prevenir el trauma de alta energía.
La falta de percepción de riesgo hace que los padres muchas veces transporten a sus hijos sueltos en el vehículo que, a estos efectos, equivale a tener a un niño encaramado en una baranda de un edificio o que un choque a 60 kms/hr es como una caída desde un quinto piso.
La ley vigente en Chile desde el 2016, dice que los menores de 12 años de edad deben ir siempre en el asiento trasero del vehículo y que hasta cumplir los 9 años, deben ir en un SRI apropiado según su edad, talla y peso, norma que de no cumplirse es considerada como una falta gravísima sancionada con altas multas y la suspensión de la licencia de conducir.
Ahora, ¿Por qué la necesidad de que los niños viajen atrás y que se ocupen los SRI?
Primero, porque los airbags no están diseñados para ellos y en un impacto puede causar serios daños como quemaduras y asfixia.
Por otro lado, los niños no pueden ir en brazos de otra persona porque nuestros brazos no son lo suficientemente fuertes para retenerlos en una desaceleración brusca por lo que pueden salir eyectados.
Entonces, lo que debemos hacer es que los SRI deben ir anclados en el asiento trasero, idealmente al medio (para proteger de los impactos laterales), y de no ser posible se debe ubicar en el lado que está detrás del conductor, mirando hacia atrás hasta los 2 años mínimo en dispositivos que se conocen como silla nido o silla convertible hasta los 18 kgs de peso (4 años de edad), de lo contrario, en una colisión frontal, la cabeza es arrojada hacia delante con enorme fuerza, generando una flexión y elongación extrema de la columna cervical.
Pasada esa edad se recomienda la silla convertible, la combinada, la butaca y el alzador, instalada siempre mirando hacia adelante hasta que el niño alcance el límite de altura y peso para el cual fue diseñado el SRI.
Los niños más grandes pueden usar el cinturón de seguridad sin butaca o alzador cuando ya apoyan la totalidad de la espalda en el respaldo y que toda la planta de los pies toque el piso, garantizando siempre que una vez instalados no deben tener holgura para evitar que la cabeza se desplace bruscamente golpeando el asiento o el parabrisas, que la banda horizontal debe ir encima de las caderas para no causar lesiones de vísceras del abdomen y la columna, mientras que la banda cruzada debe pasar por el esternón y el centro del hombro, alejada del cuello para evitar daños de la columna cervical.
Otro de los aspectos a poner atención al momento de la adquisición de un SRI es su acreditación (etiqueta amarilla con letras negras adosada a la estructura del SRI) y el tipo de anclaje que en la actualidad hay 3: el superior (Top Tether), el inferior (Isofix y Latch) y los que usan el cinturón de seguridad del automóvil, que si son bien usados y correctamente anclados garantizan efectividad ante un impacto.
Por eso siempre debemos recordar la importancia del uso de los cinturones de seguridad en los asientos traseros de los vehículos, ya que, ante un choque evitamos salir eyectados, evitando lesiones propias además de dañar severamente a los ocupantes de los asientos delanteros.
Debemos modificar nuestra triste estadística, de la concientización de su importancia, de la percepción de riesgo que depende de todos nosotros, de toda la sociedad.
Cuando nos cause alarma ver un niño suelto o en brazos de un adulto en un vehículo, por el riesgo al que está expuesto, recién ahí podemos avanzar.
Recordemos que no se trata solamente de cumplir con una obligación legal, sino de velar por la vida y el bienestar de todos.
Porque todos tenemos que volver a casa.